Ultrasonido aerotransportado: escuchar lo que no es audible
Mi experiencia con el ultrasonido pasivo, también llamado ultrasonido aerotransportado, se remonta a 1997, cuando tomé por primera vez un instrumento de este tipo. En ese momento no tenía una comprensión profunda del fenómeno, pero sí algo muy claro: podía escuchar cosas que no eran audibles sin tecnología. Podía acceder a información que estaba ocurriendo, pero fuera del rango del oído humano.
Con los años, el entrenamiento y el trabajo en terreno permitieron comprender que el ultrasonido no es solo “sonido amplificado”, sino una manifestación directa de fenómenos físicos asociados a fallos, pérdidas de energía y condiciones anómalas en sistemas industriales.
ULTRASONIDO COMO EXTENSIÓN SENSORIAL
El verdadero valor del ultrasonido está en su capacidad de actuar como una extensión del sentido auditivo. No reemplaza el análisis técnico, pero entrega una representación clara de lo que ocurre en frecuencias no audibles y que, sin esta tecnología, pasarían completamente desapercibidas.
El fenómeno físico detrás de las fugas
En la detección de fugas, uno de los fenómenos predominantes es la turbulencia. Cuando existe un diferencial de presión, los fluidos fluyen desde una zona de mayor presión hacia otra de menor presión. Al atravesar un orificio, grieta o zona accidentada, el flujo deja de ser laminar y se vuelve turbulento.
VARIABLES QUE INFLUYEN EN LA SEÑAL ULTRASÓNICA
La intensidad y características del ultrasonido generado por una fuga no dependen de un solo factor, sino de la combinación de varios elementos:
Delta de presión
Tamaño y geometría del orificio
Estado del fluido (líquido o gaseoso)
Viscosidad
Condición y rugosidad de la superficie
Entender estas variables es clave para interpretar correctamente lo que el instrumento está captando y evitar errores de diagnóstico.
Esa turbulencia genera emisiones acústicas con un contenido significativo en el rango del ultrasonido.
Detectar una fuga no es ahorrar energía
Uno de los conceptos que más cuesta instalar en planta es que detectar una fuga no genera ahorro por sí mismo.
El ultrasonido nos permite escuchar la fuga, localizarla e incluso caracterizarla, pero el ahorro energético solo se produce cuando esa fuga es reparada.
Desde el punto de vista del monitoreo de condición, el ultrasonido debe entenderse como una herramienta que entrega información accionable. Si esa información no se traduce en una intervención, el problema sigue existiendo y el costo continúa acumulándose.
Sensibilidad, distancia y selección de tecnología
No todos los equipos ultrasónicos presentan el mismo nivel de sensibilidad ni la misma capacidad de detección a distancia. En la práctica, esto se traduce en diferencias importantes durante las inspecciones.
SENSIBILIDAD EN TERRENO
Algunos instrumentos permiten detectar fugas muy pequeñas, pero requieren acercarse considerablemente a la fuente. Otros equipos, dependiendo de su diseño y sensores, pueden trabajar a mayores distancias, aunque con limitaciones en la detección de fugas de menor tamaño.
DETECCIÓN A LARGA DISTANCIA Y SENSORES PARABÓLICO
Para inspecciones a distancias mayores 5, 10, 20 metros o incluso más, existen hoy cámaras acústicas con sensibilidades superiores, que permiten detectar estas fugas a largas distancias. Sin embargo, algunos detectores ultrasónicos tradicionales pueden contar con sensores parabólicos que incrementan la distancia de detección considerablemente, pudiendo alcanzar distancias superiores incluso a 50 metros. Estos sensores no amplifican electrónicamente la señal, sino que la concentran mecánicamente mediante una superficie parabólica, permitiendo captar señales ultrasónicas que de otro modo no serían detectables.
La correcta selección del equipo es fundamental. Existen soluciones sobredimensionadas o subdimensionadas según la aplicación, equipos cualitativos y cuantitativos, instrumentos con distintos tipos de sensores y cámaras acústicas con arquitecturas muy diferentes. La tecnología debe ajustarse a la necesidad real, no al revés
Cámaras acústicas, criterio técnico y cuantificación económica
La llegada de las cámaras acústicas ha facilitado notablemente la detección de fugas. Contar con una imagen que apoya visualmente la localización es, sin duda, una gran ventaja, especialmente en entornos industriales complejos.
IMAGEN ACÚSTICA Y EL RIESGO DE FALSOS POSITIVOS
Sin embargo, no conocer el comportamiento del sonido puede generar confusión. El ultrasonido se refleja, cambia de dirección al impactar superficies y puede superponerse con otras fuentes. Sin una base sólida sobre:
Relación entre sonido y distancia
Influencia del ángulo
Frecuencias típicas asociadas a fugas
Manejo de reflexiones
Pueden aparecer falsos positivos incluso utilizando tecnología avanzada.
Técnicas como el cubrimiento, la técnica del escudo y la correcta discriminación de fuentes siguen siendo esenciales, incluso cuando se trabaja con cámaras acústicas.
EL COSTO INVISIBLE DE LAS FUGAS
Otro aspecto crítico es la cuantificación económica. Muchas fugas se normalizan bajo la idea de que “el aire es gratis”. El aire puede ser gratuito, pero comprimirlo es costoso. Lo mismo ocurre con otros fluidos industriales: vapor, gases o cualquier medio energético.
Para dimensionar el impacto real de una fuga es necesario:
Conocer el costo másico o volumétrico del fluido
El costo de comprimir y/o transportar el fluido
Estimar el volumen o masa perdido(a)
Proyectar la pérdida diaria y anual
Cuando estos valores se cuantifican, la percepción del problema cambia radicalmente y la fuga deja de ser un “ruido” para convertirse en una pérdida económica concreta.
Autor
Claudio Soto Torres
Especialista en Monitoreo de Condición
CST Group.